Juan Montes

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Juan Montes

Juan Montes Capón (Lugo 1840-1899) constituye, con Pascual Veiga y José Castro “Chané”, la gran triada musical del Rexurdimento gallego, siendo, sin duda, sin apenas haber salido de su ciudad natal, el más reconocido del gran relato que se escribe dentro y fuera de Galicia: como el gran “bardo”-que diría el P. Villalba-, capaz de reconciliar en su obra la perfecta síntesis de la Galicia esencial que su obra acabó representando, tanto para la Galicia interior como exterior; tanto en el marco galleguista del primer regionalismo como en el ideario nacionalista de las Irmandades. Este ideal que, en su caso, se tradujo en un repertorio limitado en pasados estudios a arreglos orfeónicos, a la música para banda y a la música sacra escrita para la catedral de Lugo, se ve enriquecido con un amplio muestrario de música de salón para piano y para voz y piano que prácticamente (salvo las 6 baladas) nos era desconocido hasta hace poco. La reciente edición de Joám Trillo (Dos acordes, 2016) de repertorio para piano solo (que se verá completada con la de piano a 4 manos y piano y armonio, en prensa), promovida por nuestro equipo I+D+i, refuerza la novedosa idea de la riqueza de Montes como compositor en diversos frentes, el salón en primer lugar, lo cual se corrobora con su propia biografía de docente: pianista en salones de recreo, en cafés-concierto, con ese repertorio transcultural que se ha tratado de esconder para dar más cabida y eco a un Montes más trascendental y supuestamente “gallego”.

Formado musicalmente en el Seminario de Lugo, alternó una docencia reglada por los músicos de la catedral y del seminario (canto gregoriano, composición, dirección coral, etc.) con la de su maestro Isidoro Blanco, gran organista y pianista de salón, en una época (la segunda mitad del XIX) en donde era posible, y hasta necesario para poder subsistir, compatibilizar la actividad en la capilla de música con otras actividades fuera de la iglesia. Sin llegar a ordenarse, inicia su carrera musical tocando el piano en al Casino y en el Círculo de las Artes, fundando orfeones y rondallas, reorganizando la Banda Municipal, formando grupos de cámara, tocando en el foso del teatro, o dando clases particulares; y presentándose (y ganando) a muchos concursos –como director y como compositor–,siendo, en suma, el factotum de la ciudad de la muralla y pronto el gran representante de Galicia merced a títulos tan señeros y hermosos como Negra sombra, Lonxe da terriña o Doce Sono, entre otras, sobre textos de los grandes de la poesía gallega como Rosalía de Castro, Curros Enríquez, Salvador Golpe y otros; un modelo de adaptación de lo culto y lo popular. Quizá porque Montes también recopiló un amplio cancionero recogido por él mismo en toda la provincia y dado a conocer por su sobrino político Indalecio Varela Lenzano.

Frente a la movilidad y búsqueda de nuevos horizontes de sus compañeros de triada (Veiga acabó como profesor en el Conservatorio de Madrid; “Chané” dirigiendo la música en el Centor Gallego de la Habana), Juan Montes se escondió cada vez más en su círculo de amigos, de discípulos, de su familia, o  en su tertulia de café; y acabó dejando cualquier actividad competitiva que supusiera salir de su muralla, en donde, a su muerte, el Ayuntamiento  acabó poniendo un busto frente a su casa, en la actual Plaza de Santo Domingo, actualmente en el barrio de San Roque. Quizá para que nadie echara de menos los paseos y los saludos del gran músico lucense.

 

Carlos Villanueva Abelairas

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