El pasado 10 de marzo de 2026 tuvo lugar en el Instituto de Investigación en Humanidades (iHUS) una jornada titulada “La (im)pertinencia del silencio: restituir música olvidada en espacios domésticos”. El evento, promovido por el Grupo Organistrum de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) en colaboración con el Centro Infográfico Avanzado de Galicia (CIAG) y el Conservatorio Superior de Música de Vigo (CSM Vigo), mostró tres proyectos interrelacionados para recuperar desde las Humanidades Digitales la sonoridad de espacios desaparecidos. La jornada incluyó, además, un recital en el que se interpretaron algunas partituras dieciochescas ajenas al canon musical de Occidente. En definitiva, se mostró la relevancia de escuchar (guardar silencio) para mitigar el doloroso mutismo que produce la amnesia cultural.
Quien se dedica a la música conoce, incluso sufre, la extremada fragilidad de esta. El carácter inmaterial que posee la hace valerse del tiempo y, paralelamente, ser su víctima. ¿Cuántas piezas tocadas en el pasado, jamás anotadas o cuyas partituras quedaron guardadas en un cajón, cayeron en tal olvido? Este es un silencio muy particular, agravado por múltiples factores: cierta indeferencia de sociedades saturadas, una supuesta falta de tiempo para escuchar (a pesar de que vivimos más años que nunca) y la aún preponderancia del canon musical centroeuropeo que se repite continuamente. La mencionada jornada pretendió remar en sentido contrario. Así lo expresaron sus organizadores, Montserrat Capelán Fernández y Javier Gándara Feijóo (USC), que contaron con los doctorandos Sergio Rodríguez Gutiérrez y Efrén Soto López en el comité de apoyo técnico.
Las comunicaciones giraron en torno a varios ejes. El primero guardó relación con seis duetos que José Castel había publicado en París ca. 1774. Tras ser encontrada una copia manuscrita en un pazo gallego, el conjunto de las creaciones fue recientemente grabado en la residencia de los Barbosa Maciel (Viana del Castelo) por Pavel Amilcar, Mario Peris y Roberto Noche (CSM Vigo). Para ello, se emplearon violines que el reconocido compositor Andrés Gaos tenía en Buenos Aires. La segunda labor implicó la reconstrucción visual y sonora del salón madrileño que había pertenecido al embajador de Portugal hacia el año 1785, tarea realizada por Anxo Miján y Carlos Paz (CIAG). Manuel Álvarez (Useche360) trató, por su parte, la utilización de IA para restituir la fachada festiva que la Factoría Inglesa de Oporto exhibió con música en 1793. Todas estas contribuciones, explicadas por las propias personas que las llevaron a cabo, permitieron contrarrestar con música y artes visuales el ajetreo de los tiempos actuales.